Todos los episodios de la vida sexual humana pueden alcanzar un clímax, una cúspide. Estas situaciones cumbre son intensas respuestas de los sistemas nervioso y endocrino, cambios en los niveles de consciencia, posibles sendas para escapar de la realidad mundana espacio-temporal, vías para alcanzar estados emocionales trascendentales. La oxitocina, «hormona tímida», es el eje central de todos los estados orgásmicos y extáticos. Tanto durante el parto como durante cualquier otra experiencia sexual, el neocórtex tiene que ponerse en reposo para facilitar la producción de un torrente hormonal, de un «cóctel orgasmogénico» que nos permita relajarnos en la cumbre de la trascendencia. Para ello, cualquier experiencia sexual, y también el parto, precisa de ‘privacy’, de la sensación de «no sentirnos observados». |