Ficha artículo

El Bebé es un Mamífero

ReferenciaISBN: 9788493525910
El Bebé es un Mamífero

 

ÍNDICE
- Prólogo

- Raíces profundas

- Al alba de la era postelectrónica

- El hospital del futuro

- En otro planeta

- El reflejo de eyección fetal

- Los gatos

- Lo antiguo y lo nuevo

- Calostro y civilización

- De Malawi a Holanda

- Fotos y vídeos

- La comadrona Freud

- La hormona del amor

- Lactancia y estructuras familiares

- El tiempo de las canciones de cuna

- Epílogo
 
PRÓLOGO 

Esta nueva edición en lengua española debemos presentarla en el contexto del año 2007. Debido a recientes avances técnicos y científicos, la historia del nacimiento de los seres humanos va a tomar aceleradamente direcciones aún difíciles de prever. Hay que hacer la distinción entre los avances técnicos y los científicos.

Los avances técnicos se expanden por todo el planeta a gran velocidad. Es lo que ha sucedido con la evolución de las técnicas de la cesárea desde la aparición de la primera edición de este libro en los años 90. Gracias a la simplificación de la técnica que aportó Michael Stark, la cesárea se ha convertido en una operación fácil, que se puede llevar a cabo en unos veinte minutos: cuando hice mis primeras cesáreas hace medio siglo, normalmente se tardaba una hora. La seguridad de la cesárea simplificada, realizada en los servicios de obstetricia bien organizados, se puede comparar hoy día con la seguridad del parto por vía natural… si tenemos en cuenta solamente los criterios convencionales que utilizamos para evaluar las prácticas obstétricas. De este modo, un estudio llevado a cabo sobre toda la población canadiense da cuenta de que en una serie de 46.766 cesáreas programadas en casos de bebés con presentación de nalgas no hubo ninguna muerte materna. La facilidad y seguridad con la que se realiza esta intervención es uno de los factores que explica el aumento constante de los índices de cesáreas en todo el mundo.

En cambio, con los avances puramente científicos sucede precisamente lo contrario, es decir, se difunden muy lentamente. Esto es lo que ha ocurrido con datos científicos recientes que yo he englobado en el marco de la "cientificación del amor". El amor, hasta hace poco, era un tema del que hablaban los poetas, los filósofos o los novelistas. Actualmente hablan del amor un gran número de disciplinas científicas distintas. Y todas coinciden en señalar la importancia del período que rodea el nacimiento. Entre los progresos espectaculares y recientes hay que mencionar lo que sabemos actualmente sobre los efectos que la hormona oxitocina desencadena en el comportamiento. Hasta el momento presente, muy poca gente se ha dado cuenta de hasta qué punto es importante comprender que la oxitocina —hormona que provoca contracciones en el útero para que se produzca el nacimiento del bebé y la expulsión de la placenta— es también la hormona del amor por excelencia, el prototipo de las hormonas del amor. También es importante comprender que, de manera general, todas las hormonas que intervienen en el parto provocan efectos en el comportamiento. Este hecho nos lleva a contemplar lo que sucede durante el parto de los mamíferos y, por supuesto, del mamífero humano, de forma totalmente nueva: dar a luz a un bebé implica liberar un auténtico cóctel de hormonas del amor.

La historia del nacimiento se encuentra, pues, en una encrucijada. Por un lado, los avances técnicos nos podrían inclinar a ofrecer la posibilidad de una cesárea a todas las embarazadas. Por otro, la "cientificación del amor" nos da buenas razones para perturbar lo menos posible los procesos fisiológicos e intentar "redescubrir" las necesidades básicas de la mujer que da a luz y del recién nacido. Es precisamente la palabra "redescubrir" la que debemos utilizar ahora, después de miles de años de partos controlados por el entorno cultural: todas las sociedades conocidas han perturbado fuertemente los procesos fisiológicos por medio de creencias y rituales. No disponemos de ningún modelo cultural.

Estas consideraciones se plantean precisamente en una época en la que la fisiología nos puede ayudar a comprender el hándicap específicamente humano en lo que concierne al nacimiento y la solución que la naturaleza ha encontrado para superarlo; este obstáculo tiene que ver con el enorme desarrollo que se ha dado en nuestra especie del cerebro que piensa —el neocórtex: es del neocórtex de donde procede cualquier tipo de inhibición que pueda surgir durante el parto, incluso durante las demás experiencias sexuales. La solución que la naturaleza ha encontrado para hacerle frente es que durante el parto el neocórtex tiene que estar en reposo. Si comprendemos lo que esto significa, comprenderemos los perjuicios que puede comportar el lenguaje para la mujer que da a luz —y por consiguiente la importancia del silencio—, la importancia de la penumbra, la necesidad de no sentirse observada y, al mismo tiempo, segura.

Esta nueva edición no sólo se publica en un momento crucial en la historia del nacimiento, sino también en un momento crucial en la historia de la humanidad. Hasta ahora, las sociedades que han triunfado han sido las que han sabido desarrollar el potencial de agresividad del ser humano. Y ha sido así durante todo el tiempo en el que las estrategias de supervivencia se han basado en dominar la naturaleza y en la competición entre distintos grupos humanos. Todas las creencias y rituales que perturban los procesos fisiológicos en el período que rodea el nacimiento han supuesto una ventaja desde el punto de vista evolutivo porque han conseguido frenar el desarrollo de la capacidad de amar —incluido el respeto por la Madre Tierra— y han desarrollado la capacidad de destruir la vida. No obstante, ya nos estamos dando cuenta de que el dominio de la naturaleza tiene sus límites y que ahora necesitamos crear una especie de ciudad planetaria. La humanidad debe reinventar nuevas estrategias de supervivencia. Y a pesar de todo tendremos que hacerlo de la mano de las energías del amor. Así que todas estas creencias y rituales que tienden a perturbar los procesos fisiológicos están dejando ya de suponer una ventaja para nuestra evolución. Tenemos motivos para plantear claramente nuevos objetivos: el esencial consiste en hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que el mayor número posible de mujeres en todo el planeta pueda dar a luz a sus bebés gracias a la liberación de un "cóctel de hormonas del amor". Debemos formular las preguntas a nivel de civilización.

En realidad, lo que estamos diciendo es que es urgente redescubrir las necesidades básicas de la mujer que da a luz y del recién nacido.  Hay una regla muy simple que nos puede ayudar a comprender mejor estas necesidades básicas y que podemos resumir en una frase: en el período que rodea al nacimiento hay que eliminar lo que es específicamente humano, mientras que nuestras necesidades como mamíferos deben ser satisfechas. Eliminar lo que es específicamente humano significa de entrada desembarazarnos de las secuelas de todas las creencias —inseparables de los rituales— que, durante miles de años, han perturbado los procesos fisiológicos, especialmente el primer contacto entre la madre y el bebé en todos los medios culturales conocidos. Significa que debe reducirse la actividad del neocórtex, esta parte del cerebro enormemente desarrollada que caracteriza al ser humano. Significa que el lenguaje, algo específicamente humano, se debe usar con mucha cautela. Satisfacer las necesidades mamíferas implica de entrada que la mujer no tiene que sentirse observada, puesto que ésta es una necesidad que compartimos con todos los mamíferos. Implica también que hay que satisfacer la necesidad de seguridad: una hembra de mamífero en la selva aplaza para más tarde el parto si sabe que hay un depredador rondando por los alrededores. Es muy significativo que cuando una mujer que está de parto no se siente observada y se siente segura adopte a menudo posiciones muy "mamíferas", colocándose, por ejemplo, a cuatro patas. Escuchamos a menudo que hay que humanizar el nacimiento. En realidad, antes habría que "mamiferarlo". Atrevámonos incluso a insinuar que hay que deshumanizarlo.

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